Leí
recientemente, “las marcas al igual que las otras víctimas de la recesión,
también están sufriendo dificultades, las marcas de distribuidor (blancas) han
ganado cuota en el mercado…y en otro aparte: creo que ningún producto es inmune
a la recesión”
En
perspectiva, esto quiere decir que la crisis economía afecta el poder
adquisitivo de los consumidores, dónde las marcas que representan un statu quo,
pierden relevancia y son superadas por la necesidad inmediata. Es decir, por los
commodities que se respaldan en marcas de distribuidor (marcas blancas) para
ofrecer una alternativa de compra al consumidor desesperado por hacer rendir su
presupuesto.
Con esta conclusión podríamos afirmar que de
nada sirve construir una reputación de marca; se perdió el tiempo y el dinero diseñando
una imagen corporativa, estructurando un servicio posventa, capacitando
personal, diseñando packaging que proteja el medio ambiente, generando empleo
de calidad, pagando cuotas de exhibición, entre muchas otras actividades; pues
las marcas blancas carecen de toda esta estrategia, es más no les interesa gestionarla
en absoluto, y aún así continúan “vendiendo más que las marcas comerciales en
los tiempos de crisis”.
Y
a esto podemos sumar que las marcas blancas se recuestan sobre las estrategias
de marketing de las marcas comerciales. Los hipermercados cuando ven que una
marca esta posicionada, sacan su marca blanca, y lo paradójicamente maquilada
por la empresa de la marca comercial, y finalmente el hipermercado saca la
marca comercial para vender solo la suya que ya ha posicionado con la imagen de
la marca comercial.
Adicionalmente
queda en evidencia la deficiente gestión de la marca comercial, cuando accede a
maquilar el producto para la marca blanca; pues no solo le abre un camino
amplísimo a la se convertirá en competencia directa y lo desplazará en el futuro, sino
que también ignora totalmente el valor de la marca como activo de la empresa. Si
hay alguna duda respecto a esto, miremos el ranking de Interbrand. No me imagino
a Coca-Cola maquilando su producto para una marca blanca.
En
tiempos de crisis gobierna la desesperación, se olvidan los objetivos y se
esconde la creatividad en un cajón oscuro y olvidado de la mano de Dios. Las
marcas blancas y las marcas comerciales representan productos; no hay una marca
exclusiva para el arroz, detergente, cosmética o de ropa. Entonces el problema
se encuentra en el feedback con el consumidor, quién está pidiendo a gritos
opciones que le permitan manejar su economía sin perder su valor emocional y
verse obligado a rendirse a una marca blanca que solo le recuerda que no está
en condiciones, que no puede aspirar a una mejor calidad de vida, que le mata
el optimismo.
Esto me recuerda un concepto que leí y que
considero muy valioso y revelador: “En épocas de crisis, como la que vivimos
actualmente, sobreviven quienes se han hecho sentir en el mercado. “Tomar las
riendas de la situación, es la clave para que la compañía pueda superar
cualquier crisis” señaló en una
ocasión Anders Knutsen, expresidente de Bang&Olufsen, considerado
uno de los mejores líderes empresariales del siglo.
Para
Knutsen “Las empresas tienen que elegir entre precio y poesía (calidad,
diseño y valor añadido), no pueden quedarse con los dos y estar en el medio es
un problema. Y para eso la comunicación es clave”
Tomar
las riendas, es detenerse en escuchar al consumidor. No solo para ver sus necesidades,
que ya son evidentes, sino para establecer que es lo que emocionalmente le
ayudará en la difícil situación por la que atraviesa. Todos desarrollamos
afectos por las marcas, que no son otra cosa que el reflejo de nuestra búsqueda
de bienestar.
Los
valores de la marca no se deben regalar. El ser humano valora lo que le cuesta,
comprar con su trabajo y esfuerzo, no sentirse como una obra de caridad. Sencillamente
hay que escuchar al consumidor y encontrar el punto medio que le permita
disfrutar de los beneficios subjetivos de la marca de su preferencia, con la que
se identifica y mostrarse como una marca innovadora que no teme diversificar
para adaptarse al nuevo mercado.
En
la sección económica de CNN en español, señalaba que Colombia era uno de los
países que tenía menos efectos adversos por la crisis económica mundial.
Obviamente ha influido las medidas económicas del gobierno, pero lo que
resaltaba CNN era la capacidad emprendedora, recursiva y creativa del
empresario colombiano.
Hay
un sector económico fundamental para la economía: los tenderos. Son pequeños
comercios ubicados en barrios, dónde se maneja el comercio minorista (amas de
casa que tienen el poder inmediato de decisión de compra). Allí se encuentran
productos de marcas reconocidas en formatos pequeños, lo que les permite no
sacrificar su marca predilecta por precio y a su vez, la marca comunica que no
tiene problemas para adaptarse a las necesidades del consumidor. Que no quiere
perder ese mercado porque valora a su cliente con o sin poder adquisitivo.
Y
esto se ha logrado por un feedback muy constructivo y activo con los
stakeholders; productos en formatos industriales, individuales, familiares,
accesible a todo el público y con ventajas emocionales significativas.
Podríamos
hablar de diferentes experiencias de cada país o región, todas exitosas. Pero
lo realmente valioso para recuperar de todas ellas, es que el valor y la
estabilidad de las marcas no se encuentra en costosos comerciales, o en
lamentos por una crisis que muy seguramente durará algún tiempo más y esperan
que “los obligue a orillarse a medidas desesperadas”.
Se
encuentra en mantener abiertos los canales de comunicación con el consumidor,
escucharlos, no oírlos, y diseñar la estrategia de marca orientados en su
satisfacción emocional que es la que realmente conforta, sin enredarnos en el
discurso de la exclusividad. Así lograremos seguidores de la marca leales y
agradecidos por la solidaridad de la marca en tiempos de crisis y en tiempo de
abundancia.
Creo que los compradores de marcas blancas lo hacemos a desgana. Y la mayoría de las veces es más una obligación que una devoción por esas marcas
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